Estamos animadas por el Espíritu de Jesús misionero a vivir y realizar nuestra Misión común: que Dios Trino sea conocido, amado y vivenciado por todos los pueblos como el Dios de la vida y del amor, como el Dios que nos llama a la comunión con Él, con nosotras mismas, con los demás y con toda la creación. Estamos llamadas a realizar esto, especialmente, en situaciones de frontera. La tarea en la formación inicial es acompańar a los nuevos miembros a internalizar los valores y las exigencias del Evangelio, inherentes al llamado de Dios dentro de Nuestra Congregación. En el compartir plenamente nuestra vida y misión, de acuerdo a nuestras Constituciones, las jóvenes están en camino para llegar a ser discípulas de Cristo como Misioneras Siervas del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, ellas descubren si la espiritualidad y el carisma misionero de nuestra Congregación corresponden con su vocación. ( Const. 538) |